En nuestra vida cristiana, existe una persona que siempre está ahí, presente a
nuestro lado, a pesar de que muchas veces no la notemos. Su presencia es
constante y silenciosa, a la vez que sumamente activa, dinámica y efectiva. Se
trata de María nuestra Madre.

María nos ha precedido en el camino de la fe; al creer en el mensaje del ángel, es la primera en acoger, y de modo perfecto, el misterio de la encarnación. Su itinerario de creyente empieza incluso antes del inicio de su maternidad divina, y se desarrolla y profundiza durante toda su experiencia terrenal. Su fe es una fe audaz que, en la anunciación, cree lo humanamente imposible, y en Caná impulsa a Jesús a realizar su primer milagro, provocando la manifestación de sus poderes mesiánicos.
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